Reflexión y acción

Reflexión y acción

Si alguien me hubiera explicado, hace tan sólo unos meses, la realidad que estamos viviendo en la actualidad, creo que no hubiera sido capaz de creérmela.  Estamos ante una prueba evidente de que el destino nos lo fabricamos nosotros solitos capeando las circunstancias que nos encontramos y que, con nuestras acciones, podemos incidir en el mismo y ser los dueños de nuestro futuro, que, aunque incierto, depende directamente de nuestras actitudes, determinaciones y actos.

El Amor Universal, que algunos llaman Dios, no quiera que me tenga que tragar mis palabras por un cambio radical de la situación y de todo lo que está ocurriendo. Desde mi humilde opinión, siempre subjetiva, personal y no representativa de nadie más que de mí mismo, estamos viviendo un momento apasionante. Soy de los que piensan que de cualquier acontecimiento negativo, por muy  dramático o desagradable que sea, siempre se puede sacar algo positivo, ni que sea sólo un aprendizaje.

Sin dolor no hay placer, sin sufrimiento no se valora y disfruta lo bueno de la vida. Aunque como en toda regla, aquí tengo una excepción.

No comparto que sin odio no pueda haber amor, porque el amor es más fuerte que todo y es capaz de existir sin odio, perdón rectifico, el amor odia al odio, a la injusticia, a la violencia, a la sinrazón.

Volvamos al momento apasionante. Éste viene por un lado, por ese despertar colectivo que llevaba años esperando e intentando activar y, para qué negarlo, casi había perdido la esperanza de que fuera posible y de que se manifestara con la fuerza con la que lo ha hecho y parece que va a seguir haciéndolo. Y lo mejor, que fuera nuestra sociedad, nuestro país, el epicentro de esta convulsión social que ya sacude el mundo entero. Sin olvidar otras anteriores más silenciosas o menos divulgadas por medios masivos, como la islandesa; y otras, como las de los países árabes, que, si bien, se activaron con anterioridad y contagiaron de ilusión y energía para prender la chispa en nuestro continente, nacieron para conseguir unos avances en derechos sociales y sistemas políticos, que ya habíamos conquistado aquí hace años. Es momento ahora de saber cómo canalizar bien toda esa energía y potencial transformador para empezar a construir todos juntos una nueva ética y organización que no ponga a ninguna persona, cultura, país, raza, religión o manera de entender la vida, por encima de otra y que sea capaz de resolver los conflictos y desigualdades a nivel mundial, que a tantos seres humanos arrastran a una vida de sufrimiento y lucha por la supervivencia.

Y es también a nivel local, que vivimos un momento apasionante, seguramente relacionado con todo lo que está pasando, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente. Los ciudadanos hemos perdido el miedo y nos hemos cansado de esperar que alguien (los que tienen el poder “legítimamente” conseguido) nos venga a resolver los problemas. Ya somos conscientes por fin, de que hemos de ser nosotros mismos, con nuestro enorme poder como pueblo, los que nos organicemos para salir de esta encrucijada en la que todos nos hemos metido y que tanto sufrimiento y frustración está generando. Y es en esa línea, que algunos nos estamos organizando creando asociaciones para hacer realidad un sueño, que no es nada más que la aceptación de una realidad existente, como es el consumo de una planta natural, como es el cannabis, ya sea con fines lúdicos o terapéuticos, transformándola en proyectos que generan riqueza a través de impuestos, creación de empleo, integración, desestigmatización, prevención de riesgos, disminución de la delincuencia, el tráfico, la violencia  y el mercado negro, promoción del arte y la cultura, entre otros muchos beneficios.

Como siempre, todo vaso puede verse medio lleno o medio vacío. Los abanderados del pudor y la moral vendrán a censurar estas iniciativas con sus argumentaciones sobre los efectos nocivos de su consumo, acusándonos de atentados contra la salud y de apología de la drogadicción o de contribuir a adormecer el potencial transformador de la juventud en particular y de la sociedad en general. Nada más lejos de la realidad. Desde esta asociación (AIRAM), y seguro que desde otras muchas, queremos utilizar esta realidad incontestable, el consumo y la voluntad expresa de seguir consumiendo esta planta, por parte de muchos ciudadanos informados de sus efectos y posibles daños derivados del mismo y utilizarla en beneficio de la sociedad, revertiendo de la misma:

beneficio económico (impuestos); beneficio social (empleo); beneficio cultural (promoción de actividades artísticas y culturales); beneficio preventivo (talleres de concienciación e información); y así podríamos seguir.

Es un modelo imperfecto y mejorable, como todo lo creado por el hombre, pero funciona y es un gran paso para superar una situación insostenible, como es a la que nos ha llevado la política sobre drogas, que tantos años lleva aplicándose a nivel mundial y que tan desastroso resultado ha

conseguido: mafias, violencia, muertes, presos, tráfico, corrupción política… creo que no hace falta explicarlo ya que lo vemos cada día en las noticias. Aunque en sucesivos artículos podemos profundizar sobre ello.

Larga vida a AIRAM, larga vida a todas aquellas personas que no han perdido la esperanza y que tienen todavía fuerzas para apostar por poner su granito de arena en hacer algo por transformar y mejorar este mundo en el que nos ha tocado vivir. Ese es nuestro motor.

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